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Recolector de historias: “Yo me casaba el 20 de marzo”

Testimonios de novios durante el coronavirus.

A raíz del coronavirus muchos matrimonios se han visto afectados alrededor del mundo. Y es por eso que en nuestra recopilación de historias nos llegó el testimonio de Natalia (@nmujicaj) que se iba a casar el 20 de marzo, pero tuvo que cambiar sus planes. A pesar de lo duro que fue tomar la decisión, ella decidió hacer un blog para darle un toque de humor a lo sucedido y así contar su historia, más novios pudieran sentirse acompañados en este proceso. ¡Acá va su relato en primera persona!

El 20 de marzo del año 2020 dejaría de ser señorita (¡nunca!) para convertirme en la señora Natalia, pero el universo nos tenía preparado otro panorama…

Nos comprometimos hace cinco meses, un 17 de octubre del año 2019 para ser más exactos y para ser aún más exactos, fue la tarde anterior al famoso estallido social, ¡¡qué gran celebración!! Entre protestas, incendios, saqueos, toque de queda, histeria colectiva, desabastecimientos y tantas otras cosas, hicieron de nuestro compromiso una etapa “inolvidable”, por catalogarlo de una linda forma.

Luego de un par de días y tal como dice Panchito Saavedra, mi coterráneo, contra viento y marea nos pusimos a organizar nuestro matrimonio, suceso muy importante y esperado por todos, especial y desesperadamente por mi mamá… a las mamás hay que quererlas, no tratemos de entenderlas (consejo de vida y supervivencia).

Pasamos un verano lleno de organizaciones y miedos, ¿Por qué? se preguntarán,  ¡porque en marzo todos pensaban que iba a quedar la embarrada! ¿Qué van a hacer? ¿y si hay protestas, toque de queda, desabastecimiento?… estas son algunas de las preguntas que nos hacían en ese período, ¡qué gran placer organizar el evento de tu vida con todas estas interrogantes, a las que obviamente no le teníamos respuestas certeras. Solo nos quedaba entregarnos y confiar en la misericordia de quién sea el CEO del universo y maneja todo esto, “un loquillo”, lo llamo así de cariño porque en verdad ha sido difícil… con alguien me tengo desquitar ¿ya?

Llegó marzo, estamos sobreviviendo, no ha sido tan terrible, o al menos eso muestran en la tele, tenemos comida, el país sigue funcionando, no hay toque de queda así que sentimos un pequeño alivio luego de todos los escenarios apocalípticos que imaginamos durante el verano, ¡bien! Procedemos a organizar nuestra luna de miel, reservar hotel, comprar pasajes, hasta me compre bikinis nuevos para lucir en este tan anhelado y merecido viaje, justo y necesario para relajarnos después de todas las sorpresas que nos tenía preparado nuestro querido Chilito.
Fue tanto  todo nuestro optimismo e inocencia que hasta hicimos clases de baile, jajaja, perdonen que me ría, ¡pero hasta ensayamos! ¡y de verdad! (vergüenza propia para esta parte).

Comprar zapatos, mandar el traje a la tintorería, ensayar, hacer las tarjetas de agradecimiento, que a todo esto es algo no menor, porque para poder agradecer un regalo tienen que habértelo regalado primero y seamos francos, todos regalamos el día anterior al matrimonio y eso si somos organizados, porque hacer el regalo el mismo día también pasa (mea culpa). Bueno, también hay algunos un poco más hippies y relajados que simplemente no regalan y así es más fácil escribir la famosa tarjetita: “gracias por estar presente en este día tan importante para nosotros, ¡ahora a disfrutar y dar la vida en la fiesta!” jajaja que levante la mano quien no ha recibido o escrito una tarjeta donde te pidan dar la vida, darlo todo, con todo sino pa que, etc. Frases muy chistosas para nuestro gusto. Bueno, copy paste de esa tarjeta para todos los hippies. Gracias, así no tengo que pensar tanto que escribir y tampoco buscar el nombre del regalo que hicieron, que siempre son como “minicomp-8210 o superfrigomega-ATM”, ¡¿Qué es eso?! Filo, gracias por tu regalo. ¡Ah sí! No se te vaya a olvidar dar la vida, de aquí no se te ocurra salir vivo.

Ya estamos a dos semanas del gran día gran ¿Cómo pasó tan rápido? No me di ni cuenta, hay que hacer esto, pagar esto otro, ir a buscar y dejar no sé qué cosa, los masajes, la podóloga y un sinfín de extras. ¡Se viene el matri! ¡pero no! ¡alto ahí! Se avecina una nueva amenaza a nuestro matrimonio (a estas alturas matricidio), un monstruo llamado coronavirus. ¡Filo! ¿no había que dar la vida? Vengan a darla ahora todos los que me la pidieron para sus matris, vengan, ¡los estamos esperando! Si total hay como 10 contagiados en todo Chile, hay que usar alcohol gel y listo, no pasa nada, ¡démosle!

Aún así, invadida de optimismo y rezos ancestrales pachamamicos para matar a este monstruo, comenzó lo que yo llamo “the invitados fall” una cascada en caída libre de invitados desertores por diferentes motivos, los cuales en mi cabeza eran todos sinónimos del coronavirus.

Vuelve el estrés, actualización de mi super lista de invitados en Excel que gracias a mis fórmulas super avanzadas (¡mentira!) puedo ir viendo gráficamente y actualizando en tiempo real (¡mentira también!) la curva descendiente de asistencia a nuestro coronamatri, curva que se interceptaba directamente con la curva ascendente de gastos, por que a todos estos detractores malos amigos tenemos que pagarlos igual, ¡gallinas!, “dar la vida, dar la vida”, ¡bullshit!

Con todo esto en mi cabeza resuenan a lo lejos frases como: “¡weona!, la mejor etapa es la de estar comprometidos”, “lo vay a pasar muy bien organizando”, “si necesitai ayuda pídeme lo que querai, en serio, ¡yo te ayudo!”… ¿Lo que yo quiera? ¿Teni una vacuna?, ¡¿TENI UNA VACUNA?! ¡¡¡AAAAAAHHHGGGGG!!! Vuelvo a pensar en el loquillo del CEO, que adorable ser, que ganas de invitarlo a tomar té a la casa, súper dije.

Una semana antes del gran día seguíamos aferrándonos a la estúpida e inocente idea de que “¡el matrimonio va igual!” el que quiera ir ahí va a estar, la gente que nos quiere de verdad va a ir, los que no, filo, total igual no los queríamos invitar (mentira, es mi resentimiento mal canalizado). Sigamos ensayando nuestro baile nomas, ¡nos va a salir la raja! (lloro de la risa).

Acto seguido, cierre de fronteras, estado de catástrofe, desabastecimiento, locura colectiva, mascarillas, cuarentena preventiva, ¡matrimonio suspendido! ¿alguien tiene alcohol gel que me venda o regale?…
Y así, junto con esto, adiós luna de miel, adiós papás, adiós familia, adiós amigos, adiós carrete, adiós vida social, nos vemos en 3 meses. ¡Hola aburrimiento!

Debo reconocer sí, que sentí un gran alivio, ya, no sé si gran, pero alivio al fin y al cabo, al tomar esta decisión. Sí, también me dio pena, rabia, frustración y tantos otros bellos sentimientos que se me pasaron rápidamente, todavía me funciona algo mi lado racional y estoy orgullosa de nuestra decisión, solo orgullosa, no feliz. La Nati del pasado hubiese estado carreteando y chapoteando en el virus, diciéndoles a todos que no carretear es de débiles, menos mal maduré.

La vida sigue y como al loquillo no le gusta vernos aliviados ni hacernos sentir bienestar de ningún tipo, vuelve el estrés, hay que avisarle a los invitados, a los proveedores, banquetería, dj, fotógrafo, reprogramar fecha y hacer calzar todo en esta nueva fecha, la que tenemos que definir rápido por que hay miles de novios igual que nosotros buscando salvar sus matrimonios.

Y bueno aquí estoy hoy, viva aún, sin coronavirus (creo), encerrada en mi casa con mi aún pololo y mi perro celebrando oníricamente el día que se suponía nos casaríamos por el civil, para mañana sábado tirar la casa por la ventana y dar la vida en nuestra celebración, eso si, no se olviden jamás de eso, de dar la vida jajaja.
#QuédateEnCasa 

FIN.