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Hotel Antumalal

Un lugar impactante para casarse en el sur de Chile

Hay una trampa cuando pensamos en cómo hacer nuestro matrimonio y es esperar a que sea único, épico, el mejor de todos. En mi larga experiencia asistiendo a ellos e, incluso, siendo el protagonista de uno, puedo decir que eso es muy difícil de conseguir si es que no se cumplen dos reglas: la primera, que los novios estén cómodos, sean cómplices a la hora de decidir cómo, dónde y cuándo se harán la cosas. La segunda, es que la fiesta debe ser pensada en quienes los acompañarán ese día y no sólo en sus deseos como protagonistas. Si se logran combinar la honestidad y el cariño por los demás, doy por garantizado que será uno de los encuentros más inolvidables para todos. Por supuesto que importa la buena música, que fluya la comida y que no se acabe nunca el hielo, pero un par de novios motivados y gente que se sienta igual de importante son lo principal.
Advierto esto porque es verdad que no todos los matrimonios tienen que ser iguales, pero tampoco deben ser tan distintos. Estos eventos han de ser naturales, sin sobre esfuerzos, como los novios y sus cercanos quieren que sea. No todos estamos hechos para casarnos saltando de un avión, arriba de un globo o en un lugar alejado rodeado de naturaleza, pero muchos sí y para ellos es este artículo.

Me propuse la tarea de pensar en cómo hubiese sido mi matrimonio si lo hubiera hecho diferente y cumpliendo las dos reglas. Sería fuera de Santiago, lejos, en un lugar del sur rodeado de verde y de agua, con la gente que más quiero. Busqué y elegí el hotel Antumalal. Para planificar, ejecutar y motivar a un grupo de cercanos a que me acompañe al sur, necesitaría más que un día de fiesta. La invitación tendría que ser toda una experiencia que cumpliera varios requisitos: lo principal, una infraestructura de primera línea, paisaje incluido. El hotel tiene unas habitaciones acogedoras con una linda vista al lago, también casas y chalet por si grupos de amigos se animan a tener un poco de independencia juvenil. Es un sitio en medio de la naturaleza, con una arquitectura única y digna de una película de Tarantino. Porque sí, el hotel Antumalal para un matrimonio es una experiencia totalmente “instagrameable”; la piscina de agua temperada es un escenario en sí misma, donde además te puedes dar un sauna, o hacer masajes antes de ir a comer. Una buena comida, otro factor clave, que permita disfrutar los momentos en que el grupo comparta. El comedor y su terraza tienen una de las mejores vistas panorámicas de la región, a todo el lago Villarrica y la posibilidad de atardeceres maravillosos. Una experiencia que reservamos para el mar, porque rara vez estamos tan bien instalados en un lugar de agua dulce. De la carta tenemos lo mejor, ya que este hotel cuenta con su propio huerto y de la zona consigue los mejores ingredientes. Comí un garrón de cordero exquisito, salmón hasta que no pude más y un rico lechón. La banquetería está a cargo de la gente del Antumalal así es que está aprobada, y quienes atienden tienen, aparte de simpatía, impregnadas la excelencia e historia del lugar. Por último, el entorno: el hotel ofrece tours y servicios de aventura. Yo fui a las termas geométricas, por su arquitectura y para rejuvenecerme en algo, llegando a meterme en aguas de hasta 47°C, pero hay rafting, ascenso a volcanes, caminatas por parques, pesca con mosca, velerismo. Una fuente inagotable de entretenimiento para el grupo. También está muy cerca de Pucón, aunque no lo parezca. Para la tropa, un sector con comercio, restaurantes, pubs y discoteques donde pueden seguir la fiesta. Beneficios de la civilización a 5 minutos en auto.

Mi matrimonio ahí, sin duda, sería una experiencia de varios días. Primero 2 días con mi familia para organizar, también para hacer paseos y compartir, comer en el hotel y empezar temprano con una aventura. El tercero y cuarto para recibir amigos, hacer rafting y tal vez salir a festejar por anticipado al cercano pueblo. El quinto para casarnos. En la tarde, en los jardines con vista al lago donde haría también el cóctel. Subir a comer a la terraza y bajar para realizar una fiesta en la piscina fílmica, con la libertad de querer bañarse o no, eso depende de cada uno. Sexto día para despedirse con un rico almuerzo. El tiempo que quede, que ya empieza a ser luna de miel se verá en el momento; una escapada romántica a las termas para recomponerse o una salida en catamarán o tal vez continuar en ruta, podrían ser buenas opciones.

Por Rodrigo Abott

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