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¿Cómo te pidieron matrimonio?

¡Las historias detrás del sí!

En @denovios.cl hicimos un llamado para conocer las mejores historias de pedidas de mano y, aunque no lo crean, hay novios muy jugados y creativos que nos dejaron con la boca abierta. Acá les contamos algunas de ellas…
Ignacia y Tomás
Estábamos en Rapel con la familia de Tomás y en la tarde me invitó andar en un bote que tienen. Estábamos en la mitad del lago y Tomás me empezó a hablar del futuro -porque él estaba viviendo en Puerto Varas y le habían ofrecido otro trabajo en Santiago- y me dice: “Pero lo que tengo claro es que quiero estar contigo”. Ahí saca la caja con el anillo, la abre y ¡se cae al agua con todo! Yo no alcancé ni siquiera a ver el anillo, solo vi la caja flotando, la agarré y esta estaba vacía. Lo único que se me vino a la cabeza en ese minuto es que, como él estaba tan nervioso no calculó, se cayó al agua con el anillo y esa era la historia que iba a contar. Después de unos segundos -mientras yo seguía en shock pensando millones de cosas- Tomás salió del agua y tenía el anillo amarrado a su dedo con un hilo dental, los dos estábamos muy emocionados y ¡yo no podía creer lo que estaba pasando.
Francisco y Camila
Toda la semana Francisco estuvo transmitiendo de que el sábado fuéramos al San Cristóbal así que yo lo tenía más que agendado. Ese día tipo 12 llegamos a la entrada y empezamos a subir caminando -menos mal ya era otoño y estaba rico para ese tipo de panorama- y después de un rato cuando llegamos a la cima, él se puso a mirar por un binocular haciéndose el interesante y , yo de metida, también quise ver-pisé el palito rápidamente- y al enfocar, observé que en la Plaza Italia estaban sus amigos con un cartel gigante pidiéndome matrimonio. ¡Me puse muy nerviosa, pero el sí fue de inmediato.
Sole y José
Mi pedida fue la “búsqueda de un tesoro”. Llevábamos 9 años pololeando – en esos días estábamos por celebrar nuestro aniversario- y un domingo el Jose me dijo que tenía que salir, así que yo me quedé descansando en la casa hasta que me tocaron el timbre y me entregaron una flor con una tarjeta que decía “te toca jugar a ti, debes estar lista a las 13:00 hrs. y te pasarán a buscar” y por detrás había una C (todas las cartas tenían una letra). Llegó un auto blanco y el chofer me pasó otra pista que decía “anda donde tú has vivido toda la vida”, así que fui a la casa de mis papás y mi mamá me pasó otra rosa más con una nueva tarjeta… en total fueron cuatro cartas y una pregunta al chofer para llegar al destino final: el Hotel Atton. Entré al hall y en el mesón encontré otra flor, pero antes de tomarla, el señor que estaba ahí me preguntó cuándo fue nuestro primer beso y me pasó la tarjeta de una habitación. Subí al ascensor y desde ahí empecé a escuchar una canción de Jack Johnson que nos representa a los dos mucho. Abrí la pieza, vi un camino de pétalos y al fondo estaba José al lado de una ventana con muchas rosas y me pasó otra tarjeta que decía “arma la frase”. Empecé a juntar las letras que tenía sumado a otras que estaban ahí hasta que formé la pregunta ¿te quieres casar conmigo?… Yo lloraba a mares y le dije que ¡SÍ!
Josefina y Diego
Después de muchos match y citas fallidas di con Diego, nos pusimos a hablar y coordinamos una cita para conocernos en los días después. Yo llegué con la polera de la selección de Chile -porque había partido ese día- y esa fue la primera imagen que tuvo de mí. A las dos semanas nos pusimos a pololear. Ya llevamos 2 años juntos y hace 2 meses fuimos a Buenos Aires, justo para la súper final de Boca-River y llovía a cántaros. Era el segundo día y Diego estaba empecinado con ir a la Plaza de las Naciones Unidas -donde está la flor de metal- y aunque el día estaba horrible fuimos caminando y una vez ahí, empapados, me preguntó si quería casarme con él. Yo llorando no le decía nada, pero obviamente mi respuesta fue ¡sí!
Patricia y Marcelo
Estábamos justo en la época de cambio de regalo post Navidad y a Marcelo, mi pololo, le regalaron una polera que le quedó chica y tenía que cambiar, pero me pidió que se la guardara por mientras hasta que tuviera tiempo de ir. Y así fue, dejé la bolsa de regalo en mi clóset y no la vi más. Nos fuimos de vacaciones y volvimos casi 3 semanas después, y Marcelo me dijo que fuéramos a cambiar la polera. Ese día agarré la bolsa como si nada y nos fuimos a la tienda. En el camino decidimos pasar a tomarnos un helado y nos sentamos en una banquita de una plaza a conversar. Entremedio de eso, Marcelo me pidió la polera y yo naturalmente se la pasé, pero en el bolsillo que tenía por delante sentí algo duro, revisé pensando que era la alarma y ¡era un anillo! Yo no entendía nada, ¡casi me morí! Marcelo se reía y me preguntaba si me gustaba y si me quería casar con él… le dije que sí muy emocionada. Después de varios minutos en shock, me explicó todo y lo más impresionante fue que ¡el anillo había estado ahí durante todo ese tiempo y yo nunca lo supe!