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Dunkin’Donuts, una aventura en el aeropuerto

Una divertida columna por María Isabel Maturana Rencoret.

Era invierno y llevaba más de seis meses haciendo dieta. La Coni es amiga de mi prima, de ese tipo de amiga loca y divertida que siempre estuvo en más de algún almuerzo familiar, haciéndonos reír con sus impredecibles anécdotas.

Ella se casaba en las vacaciones de invierno y como toda novia había estado haciendo una dieta demasiado estricta. Como sabrán, todo régimen viene de la mano de una post hambruna que se manifiesta de muchas formas. La historia de la Coni es tragicómica, pero no me cabe duda que las ayudará a estar pendientes de la hora… Sí, porque esta última es muy importante.

Después de haber gozado su matrimonio y disfrutado como nadie esa gran noche, se venía el esperado viaje de luna de miel. Se iban a Cuba. El vuelo salía a las 8 de la mañana del domingo. Eran las 7 y esta novia que hace muy poco había dejado su dieta -por lo que ahora estaban más que permitidas las comidas altas en grasa- había despertado con un antojo de donuts, que si no era saciado podía afectar su felicidad. Por lo que la Coni hizo un mega esfuerzo por convencer a su recién marido, Cristóbal, de ir al Dunkin’Donuts. Una cosa llevó a la otra y entre que comentaban las anécdotas de la fiesta y se jactaban de lo perfecto que había resultado todo, el tiempo pasaba…

“¡¡¡Coni, corre, mira la hora!!!”, le dijo Cristóbal, (quiero poner un garabato, pero sería poco formal). Corrieron los dos por el aeropuerto a la puerta correspondiente. No había nadie. La Coni se acercó a la azafata que estaba afuera. “Hola, nosotros vamos en el vuelo a Cuba que hace escala en Lima”. ¿Quieren saber la respuesta? ¿O prefieren que describa su cara cuando la mujer le dijo que el vuelo se había ido hace no más de tres minutos?

Ahora sí que quiero poner todos los insultos que decía la Coni, pero la cara de Cristóbal es mejor material de descripción. Él es uno de esos alemanes que por alguna razón llegó a Chile, es decir, no le cabía en la cabeza que hubiesen perdido el avión, todo porque ella no había podido controlar sus antojos de donuts. Entonces estaban los dos enojados, con sabor dulce en la boca, pero con la amargura de haber perdido el vuelo de su ‘honeymoon’. Se tuvieron que devolver en micro, ambos con guayaberas en pleno invierno. Pero como la mayoría de las cosas en esta vida, la Coni y Cristóbal pudieron solucionar su problema y con un par de días de atraso llegaron a su destino.