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Chiquillas, llegaron los vedetos

Ríe a carcajadas con la columna de María Isabel Maturana sobre el nuevo mundo que está viviendo junto a sus amigas que están a punto de casarse.

A mi gusto, la mejor parte de que mis amigas se casen está en las famosas y muy esperadas “despedidas de soltera”. Con mi grupo del colegio nos motivamos, quizás en exceso, cuando la primera optó por emprender el viaje al mundo de los casados.  La Cata siempre fue la amiga tierna e inocente, por lo que no solo fue una despedida a su soltería, sino también a su blanco historial frente la ley.

Primero, decidimos que todas teníamos que disfrazarnos de lo que fuera, pero con un toque muy sexy. La reunión sería en el departamento de la Cami, por lo que concluimos que fue la mejor noche del conserje, quien ofreció escoltar a algunas hasta el piso ocho. Las horas pasaron rápido, después de 8 rondas de tequila ya estábamos todas en evidente estado de ebriedad cuando tocan el timbre. La Cata, bastante desequilibrada, abrió la puerta y de forma instantánea se escuchó un eufórico y enredado “¡¡¡¡Chiquillas llegaron los vedettos!!!!”. Eran dos hombres morenos, de metro setenta y con un uniforme muy similar al de Carabineros de Chile. Nos acercamos todas gritando y haciendo bailes, pero los pobres hombres insistían en que no eran los vedettos, sino que realmente eran Carabineros que nos venían a sacar un parte porque los vecinos estaban alegando por el ruido.

Todas pensábamos que era parte del show, así que algunas seguimos con los bailes, y una que otra se atrevió con una “agarrada de poto”. Supimos que no mentían en el segundo en que llegaron los verdaderos vedettos. No existe descripción para las caras que teníamos, ninguna entendía lo que estaba pasando, era un enfrentamiento de la ley v/s nuestros vedettos. La novia hacía todo lo posible para que no nos sacaran un parte, la Caro vestida de policía sexy trataba de negociar “¿Ya pues, si somos colegas no ve?” les decía mientras se daba vueltas y hacía movimientos muy sensuales. Por atrás unas les hacían ojitos y no faltaba la que lloraba porque nos iban a meter presas.

Así fue como la Cata recibió su primer parte, con una banda cruzada de “100% fácil”, disfrazada de enfermera sexy, y en un innegable estado de ebriedad, a dos semanas de su matrimonio y con la imagen de la Antonia manoseando a estos pobres hombres que solo cumplían con su deber.

María Isabel Maturana